Mi relación con el Rapé no empezó con amor. Empezó con miedo, rechazo y una pregunta bastante simple: ¿para qué alguien querría volver a pasar por esto?
Hoy ocupa un lugar importante en mi historia y en la historia de Ancestrina. Pero precisamente por eso no quiero contarla como si desde el primer soplo hubiera sabido lo que significaría para mí.
No fue así.
Durante años lo evité.
La primera vez
Mi primera experiencia con el Rapé ocurrió en mi primera ceremonia de yagé, cuando era adolescente.
Venía de una infancia difícil y de una vida en la que había aprendido muy temprano a endurecerme. Buscaba experiencias intensas, quizá porque sentir algo era también una manera de salir de esa dureza.
En aquella ceremonia había algo que no conocía bien: respeto. Recuerdo especialmente la presencia del Mayor que sostenía el espacio. Me producía una admiración que en ese momento ni siquiera sabía nombrar.
Después de explicar la ceremonia de yagé, sacó un tepi y empezó a soplar un polvo por la nariz de las personas que hacían fila frente a él.
Yo también me acerqué.
El soplo que no quería repetir
El primer soplo fue brutal para mí.
Sentí una presión intensísima en la cabeza, náusea, frío, calor, sudor. Todavía faltaba la otra fosa nasal y una parte de mí quería salir corriendo.
Recibí el segundo soplo, me fui a sentar y terminé vomitando.
Lo que apareció primero fue rabia. Rabia conmigo por haberme llevado hasta ahí y rabia con el hombre que acababa de hacerme pasar por algo que yo no entendía.
Con el paso de los minutos esa rabia empezó a cambiar. Debajo había dolor, tristeza, soledad y una sensación de abandono que yo llevaba desde mucho antes de conocer el Rapé.
Hoy puedo leer aquella experiencia de otra manera. En ese momento, no. En ese momento me pareció suficiente razón para evitarlo.
Durante mucho tiempo preferí no recibirlo
Seguí acercándome al yagé y a otras medicinas, pero el Rapé me generaba resistencia.
Hubo momentos en que saber que una ceremonia incluía Rapé era suficiente para que no quisiera ir.
No tengo una historia en la que una medicina aparece, me encanta y todo cambia de inmediato.
La mía tuvo rechazo, distancia y años en los que el Rapé no ocupó un lugar central.
México y Pariká
Años después, tras la muerte de mi madre y en medio de otra etapa de búsqueda, me reencontré con el Rapé en México.
Era una madrugada fría. Recibí un Pariká.
Esta vez la experiencia fue completamente distinta.
Sentí que la mente se aquietaba. El frío dejó de ocupar todo el espacio y apareció una paz silenciosa que no se parecía a lo que yo recordaba de mis primeros encuentros con esta medicina.
No pensé que hubiera descubierto una fórmula. Pero sí supe que algo en mi relación con el Rapé acababa de cambiar.
Intenté repetirlo y no pude
Cuando regresé a casa quise recrear aquella experiencia.
No ocurrió.
Eso también fue una enseñanza.
Durante un tiempo quise repetir aquel momento porque pensé que, si usaba la misma preparación, podría volver al mismo lugar. No ocurrió. Con el tiempo entendí que mi estado, el contexto, el momento de vida y la preparación formaban una relación mucho más compleja.
Pariká había sido importante. Eso no significaba que pudiera ordenar la misma experiencia cada vez que lo recibiera.
Brasil y Perú: la relación dejó de ser solo mía
Más adelante viajé a Brasil y Perú, donde conviví con comunidades indígenas dentro de un recorrido que también incluía otras medicinas ancestrales y la búsqueda de permiso para facilitar Kambo.
En esos espacios el Rapé dejó de aparecer ante mí solamente como una experiencia que me hacía sentir de determinada manera.
Empecé a verlo también como una práctica sostenida por personas, territorios, plantas, formas de preparar y maneras de comprender el mundo.
Esa diferencia terminó siendo fundamental para Ancestrina.
Lo que cambió no ocurrió en un solo soplo
Durante años yo mismo conté esta historia de una manera más lineal, como si el Rapé hubiera transformado mi vida casi por sí mismo.
Hoy no lo diría así.
El Rapé ha sido un aliado importante en mi recorrido, pero no tomó decisiones por mí, no construyó mis relaciones por mí y no hizo el trabajo que me correspondía hacer.
Sí estuvo presente en momentos de silencio, de observación, de incomodidad y de preguntas que después tuvieron consecuencias reales en mi vida.
Ese lugar me resulta más verdadero que decir que el Rapé hizo por mí lo que yo tuve que decidir, hacer y sostener.
Presencia, decisiones y vida cotidiana
Con los años empecé a relacionar el Rapé con algo que sigue siendo central para mí: salir del automatismo.
No significa que cada soplo produzca conciencia ni que una medicina pueda garantizarnos vivir presentes.
Significa que, en mi experiencia, hubo momentos en los que la pausa, el cuerpo, el silencio y la observación me ayudaron a ver con más claridad qué estaba haciendo con mi vida.
Las decisiones vinieron después. Empecé a preguntarme cuánto de lo que hacía respondía al miedo al juicio de los demás y cuánto a lo que de verdad quería sostener.
Algunas implicaron cambiar la manera en que trabajaba y la forma en que me relacionaba con mis hijos, con mis vínculos y conmigo mismo. Esas decisiones fueron mías.
En la relación con mis hijos, estar presente dejó de ser una idea abstracta: implicaba prestarles atención y disfrutar del momento compartido. No significa que desaparecieran los desafíos ni que el Rapé me volviera automáticamente un mejor padre. Había decisiones y una manera de relacionarme que me correspondía revisar.
Ese proceso fue mucho más grande que el Rapé. El Rapé estuvo dentro de él.
De la experiencia a Ancestrina
Ancestrina nació también de la necesidad de compartir preguntas que yo mismo había tenido.
¿Qué es el Rapé? ¿Cómo se usa? ¿Qué diferencia una preparación de otra? ¿Qué significa recibirlo dentro de una tradición? ¿Qué parte de lo que sentimos pertenece a nuestra experiencia y qué parte podemos afirmar como hecho?
Durante mucho tiempo el Rapé ocupó un lugar central en el proyecto porque ocupaba un lugar central en mi propio recorrido.
Con los años Ancestrina se volvió más amplio. Hoy la terapia, la escritura y otros territorios tienen un peso que antes no tenían.
Eso no borra la historia con el Rapé. La pone en su lugar.
Una relación que también ha cambiado
Mi forma de hablar del Rapé tampoco es la misma que hace años.
Antes podía decir con facilidad que una preparación sanaba, limpiaba, transformaba o producía determinado efecto.
Hoy prefiero distinguir.
Puedo decir lo que viví. Puedo hablar del significado espiritual que una experiencia tuvo para mí. Puedo atribuir una tradición cuando sé de dónde viene. Y puedo reconocer que todo eso es distinto de demostrar un efecto clínico o universal.
No necesito rebajar la experiencia para hablar con más precisión.
El llamado del Rapé
Con el tiempo sentí que los artículos, conversaciones y respuestas sueltas ya no alcanzaban para contar esta relación.
De ahí nació El llamado del Rapé.
El libro recoge una historia mucho más amplia: mi primer encuentro, la resistencia, las medicinas, los viajes, los Mayores, la práctica y las preguntas que se fueron abriendo durante años.
Este artículo no intenta resumirlo completo. Es apenas la puerta de entrada a la relación entre el Rapé, mi historia y Ancestrina.
Lo que pienso hoy
No creo que el Rapé sea necesario para transformarse.
No creo que recibirlo vuelva a alguien más consciente, más espiritual o más profundo.
Tampoco voy a negar el lugar que ha tenido en mi vida solo porque hoy pueda nombrarlo con más precisión.
Para mí fue y sigue siendo una medicina ancestral con la que he construido una relación importante.
Una relación que empezó desde el rechazo, pasó por la fascinación, se volvió práctica y hoy puede sostener también preguntas, límites y cambios de mirada.
Tal vez eso es lo que más me interesa conservar: no una historia de fe ciega, sino una relación viva.
Para seguir profundizando
Preguntas frecuentes
¿La primera experiencia de Víctor con Rapé fue positiva?
No. Fue físicamente intensa y generó rechazo. Durante un tiempo evitó el Rapé y algunas ceremonias en las que sabía que estaría presente.
¿Qué cambió la relación con el Rapé?
Un reencuentro con Pariká en México marcó un punto de inflexión, y los viajes posteriores a Brasil y Perú ampliaron la relación desde la experiencia personal hacia el aprendizaje en contextos indígenas.
¿Víctor considera que el Rapé transformó su vida?
Lo considero un aliado importante dentro de un proceso mucho más amplio. El Rapé estuvo presente, pero las decisiones y los cambios tuve que hacerlos y sostenerlos yo.
¿Ancestrina nació por el Rapé?
El Rapé fue una de las raíces importantes del proyecto y durante años ocupó un lugar central. Hoy Ancestrina es más amplio y el Rapé sigue siendo una parte importante, pero no exclusiva, de su historia.
¿Dónde está la historia completa?
En El llamado del Rapé, donde Víctor desarrolla con mayor profundidad su recorrido personal y su relación con esta medicina.
