Cómo recuperar la confianza después de una infidelidad

Por Víctor Silva y Marcela Gómez

“Quiero confiar, pero no puedo hacerlo solo porque me diga que no volverá a pasar.” Después de una infidelidad, proponerse pensar en positivo no responde necesariamente a la pregunta que quedó abierta: ¿qué hace razonable volver a contar con esta persona?

Recuperar la confianza no es garantizar que nunca habrá otro daño. Es examinar si existen conductas, acuerdos y respuestas que permitan asumir de nuevo un riesgo sin ignorar lo ocurrido. La disposición de quien fue engañado importa; no puede sustituir la responsabilidad ni la coherencia de quien rompió el compromiso.

¿En qué necesitas volver a confiar?

La confianza puede haberse roto en más de un lugar. Quizá dudas de que te diga la verdad, de que respete un acuerdo o de que reconozca lo que hace sin que tengas que descubrirlo. También puede haberse dañado tu confianza en cómo interpretas lo que ocurre.

“Necesito confiar otra vez” resulta demasiado amplio si no podéis precisar qué se perdió. Un gesto cariñoso puede ofrecer cercanía y no aclarar una mentira pendiente. Compartir más tiempo puede ser valioso y no resolver si continúa un contacto que se acordó terminar.

Antes de pedir confianza, conviene preguntar qué necesita ser atendido en la realidad. No todo se resuelve mediante más intimidad, más explicaciones o más acceso a información.

La responsabilidad no termina en la confesión

Reconocer los hechos, responder a preguntas relevantes y no trasladar la culpa son formas concretas de participación. No reparan automáticamente el vínculo, pero ofrecen algo distinto de pedir que el asunto desaparezca porque ya se pidió perdón.

Si cada pregunta recibe “ya deberías haberlo superado”, puede resultar difícil distinguir entre una intención de reconstruir y una intención de volver a la normalidad sin afrontar el impacto. También quien pregunta puede necesitar revisar para qué vuelve a hacerlo y qué respuestas siguen pendientes.

Mirar la participación de ambos no reparte la responsabilidad por la infidelidad. Una persona responde por haber roto u ocultado un compromiso. Si ambos eligen intentar reconstruir, cada una tendrá además decisiones sobre cómo participa en ese intento. Son planos distintos.

Una promesa empieza a tener otro peso cuando puede observarse

“Voy a ser transparente” necesita algún significado compartido. Puede incluir decir si reaparece un contacto, informar de un cambio que afecta a un acuerdo o reconocer una dificultad antes de que el otro tenga que descubrirla.

Lo relevante no es una exhibición espectacular de arrepentimiento, sino qué ocurre en días ordinarios, cuando no hay una conversación de crisis. ¿La información llega sin interrogatorio? ¿Se cumplen acuerdos concretos? ¿Puede reconocerse un incumplimiento sin minimizarlo?

No hace falta que todo sea perfecto para observar un cambio. Pero si los hechos siguen contradiciendo la versión ofrecida, la dificultad para confiar no debería atribuirse únicamente a una incapacidad tuya para dejar atrás el pasado.

Qué aporta la investigación, con sus límites

Fife y sus colegas entrevistaron a 16 parejas heterosexuales que habían continuado y reportaban una recuperación significativa. Sus relatos destacaron responsabilidad, comunicación y reconstrucción de confianza. Es un estudio cualitativo de una muestra seleccionada: no demuestra que seguir esos elementos garantice recuperación ni describe a quienes no continuaron.

La pregunta central de Ancestrina —qué tendría que ocurrir para que confiar vuelva a tener sentido— es una orientación conceptual. No se presenta como un protocolo derivado de ese estudio.

Transparencia no es acceso ilimitado a la vida del otro

Después de un ocultamiento puede resultar importante acordar información que antes no se compartía. Pero transparencia acordada y vigilancia son cosas distintas. Revisar a escondidas, seguir ubicaciones o exigir contraseñas permanentes no se vuelve automáticamente una reparación porque haya habido una infidelidad.

Si ambos consideran una medida de transparencia, conviene precisar para qué sirve, qué incluye, cuánto desean sostenerla y cómo la revisarán. No puede convertirse en una autorización general para controlar cualquier aspecto de la otra persona.

También importa la respuesta de quien rompió la confianza. Invocar privacidad no responde por sí solo a preguntas relevantes sobre un compromiso que se está intentando reconstruir. Hace falta negociar qué información necesita ese proceso y qué no se acepta compartir. Puede haber una diferencia que no logréis resolver.

Una certeza obtenida para hoy no garantiza mañana. Por eso conviene observar si las comprobaciones aportan información concreta o si cada alivio abre una exigencia mayor de control. La confianza y la imposibilidad de actuar sin ser vigilado no son el mismo resultado.

Acuerdos que describen conductas, no sentimientos obligatorios

“Nunca volverás a dudar” no puede prometerlo quien sufrió el engaño. “Siempre sabré tranquilizarte” tampoco es una garantía realista. Podéis, en cambio, acordar cómo se plantearán las preguntas, qué asuntos requieren respuesta y qué haréis si una conversación ya no permite escuchar.

Los acuerdos necesitan espacio para decir no y para proponer cambios. Si uno acepta cualquier condición por miedo a perder la pareja y después la incumple en silencio, puede repetirse otra forma de falta de claridad.

También necesitan reconocer que un acuerdo práctico no determina el resultado afectivo. Puedes apreciar una conducta distinta y seguir sin saber si quieres continuar. Cumplir lo pactado no compra reconciliación ni obliga a restablecer deseo o cercanía.

El tiempo cuenta por lo que ocurre dentro de él

No hay un calendario que permita afirmar cuándo deberías confiar. Esperar puede dar oportunidad de observar coherencia. También puede prolongar una situación en la que no se aclara nada ni cambia la participación.

Por eso la pregunta no es solo cuánto tiempo ha pasado. Es qué se está sosteniendo durante ese tiempo, qué sigue sin respuesta y cómo vive cada uno el intento. Ni la prisa del otro ni una comparación con otras parejas decide tu recorrido.

Puede ser útil buscar apoyo para trabajar estas diferencias si ambos lo desean. No como una garantía de recuperación ni como un tribunal que establezca una fecha para dejar de preguntar.

Reconstruir también permite descubrir un límite

Intentar recuperar confianza puede mostrar posibilidades que antes no veíais. También puede hacer más claro que uno no desea continuar, que no existe participación suficiente o que la relación que queda no es elegible para alguien.

No invalida el intento reconocerlo. La honestidad del proceso importa más que producir una historia de superación que ambos tengan que sostener.

Para precisar lo que sí podéis comprometer, conviene profundizar en ¿Por qué tantos acuerdos de pareja no cambian nada? Confiar no se construye solo con decir sí: importa qué acepta cada uno y qué ocurre después.


Fuentes y alcance de las referencias

  • Fife, S. T., Gossner, J. D., Theobald, A., Allen, E., Rivero, A., y Koehl, H. (2023). Couple healing from infidelity: A grounded theory study. Journal of Social and Personal Relationships, 40(12), 3882–3905. Referencia. Investigación cualitativa: Relatos de 16 parejas heterosexuales que continuaron y reportaban una recuperación significativa. Responsabilidad y reconstrucción; muestra seleccionada, no receta ni tasa de éxito.

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