Mi camino hacia la terapia no comenzó como una decisión profesional.
Durante años mi vida estuvo concentrada en el mundo empresarial. Trabajé, construí empresas y encontré en producir y resolver una manera de avanzar. Durante mucho tiempo pensé que si lograba ordenar suficientemente la vida exterior, lo demás terminaría acomodándose.
No fue así.
Ese quiebre abrió una búsqueda distinta. Empecé a estudiar y a atravesar procesos personales porque necesitaba comprender qué me ocurría y por qué, aun cuando muchas cosas parecían funcionar por fuera, seguía habiendo aspectos de mi vida que no lograba resolver.
Pasé por el Programa SAT con Claudio Naranjo y realicé formación en Gestalt Integrativa y Constelaciones Familiares en la Fundación Claudio Naranjo Colombia. También me formé en Tantra con Xavi Domènech y con Homa & Mukto, en Clown Esencial con Alain Vigneau, en Bioneuroemoción con Enric Corbera y en psicología transpersonal. A lo largo de los años participé además en distintos diplomados y otros procesos de formación.
No estudiaba pensando en acumular herramientas para ejercer. En ese momento buscaba comprenderme.
Mi recorrido también estuvo profundamente atravesado por las medicinas ancestrales y los estados expandidos de conciencia. Durante años viajé, conviví y aprendí con mayores y comunidades de diferentes territorios. Antes de facilitar procesos fui ayudante durante años, observando cómo acompañaban otras personas y aprendiendo algo que después se volvió central para mí: abrir una experiencia es muy distinto a saber sostener un proceso.
Con el tiempo empecé a observar una distancia que me resultaba cada vez más difícil ignorar. Una persona podía vivir algo extraordinariamente intenso, comprender cosas importantes sobre sí misma y, sin embargo, regresar después a los mismos patrones.
También lo había vivido en mí.
La experiencia podía mostrar mucho. Eso no significaba necesariamente que la vida cambiara.
Esa observación fue acercándome cada vez más al trabajo terapéutico.
Comencé a recibir personas de manera intermitente hace aproximadamente ocho años, muchas veces en encuentros individuales y puntuales. Desde hace unos cinco años la práctica terapéutica pasó a ocupar plenamente mi trabajo.
A lo largo de ese recorrido he trabajado terapéuticamente tanto con sustancias como sin ellas. En ambos casos, lo que me interesa no es convertir una herramienta en el centro del proceso, sino comprender qué ocurre con la persona y qué puede hacer con aquello que aparece.